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Dany Saadia

La atmósfera cinematográfica es rey.

Imaginemos el siguiente ciclo de películas: Angel Heart de Alan Parker (Horror, Mystery, Thriller), Fargo de los hermanos Coen (Crime, Dramedy), Ratatouille de Brad Bird y Jan Pinkava (Animation, Comedy, Family) y The Duellist de Ridley Scott (Drama, War).

Lo primero que pensaríamos todos es que al programador de tal ciclo se le ha ido la mano con las drogas de Heisenberg (el de Breaking Bad). Pero claro, todos hemos participado en un cine-club o grupo de amigos cinéfilos y precisamente el tipo con gafas de pasta que elige la película no encaja en el perfil del consumidor habitual. Así que pensemos más. Todas las películas son de distinto género, distinto target, distinto presupuesto y distintas décadas y sin embargo tienen algo en común. Y no, no tiene que ver con taquilla o con actores y actrices que se enrollaron durante el rodaje o con el hermano menos conocido de los Bichir.

Vale. Si no han adivinado, se los diré: es la atmósfera. En cada una de esas películas y de muchas otras hay una atmósfera inolvidable: Vudú y ritos satánicos en una Nueva Orleans de pesadilla. Un pueblo de frontera entre un Dakota del Norte y un Minnesota gélidos. El París de los chefs míticos del siglo pasado. La Europa de las guerras napoleónicas.

Este post cierra el ciclo de fuentes de las que puede manar tu historia (tras la idea, la idea controladora y los personajes) y olvidarnos de la atmósfera sería olvidar una de las mayores fuentes de inspiración que podrán encontrar. Hay casos en los que primero vino la atmósfera y luego la historia. Y no son pocos.

Como cuenta Linda Seger, en su libro, Making a Good Script Great: el guionista William Kelley en los 60as, estudiaba en un seminario cerca del condado de Lancaster, Pennsylvania dónde tuvo ocasión de observar a los Amish. Poco a poco se familiarizó con su modo de vivir y su personalidad, y de ahí salieron distintos guiones para la ABC y hasta para un capítulo de la serie Gunsmoke (?? en México). 20 años después se encontró con otro guionista (Earl W. Wallace) que conocía bien a la policía de Pennsylvania. De ahí nació Witness de Peter Weir, uno de los mejores ejemplos de atmósfera impecablemente construida que se puede encontrar en el cine actual. Ahora imaginemos esa misma historia pero ahora el niño de “Witness” es testigo de un asesinato en una de las calles de Nueva York. Sería OTRA atmósfera y dudo que funcionara igual.

Otro ejemplo: gracias a la perseverancia del productor Jeremy Thomas y a la militancia de Bernardo Bertolucci al Partido Comunista, el Gobierno Chino accedió que se rodara en La Ciudad Prohibida, The Last Emperor, renunciando a más de 13 millones de visitantes que acudían en aquel entonces (hasta se impidió que fuera al rodaje a la Reina de Inglaterra en una visita oficial). Un kilómetro cuadrado de locación, 9,999 habitaciones (sólo el cielo tiene 10,000) y al Ejército Chino dispuesto a hacer de bulto. Y si sumamos a Vitorio Storaro de fotógrafo, estos maestros del cine nos transportaron a TODOS a –literalmente- otro mundo.

Yo clasifico las atmósferas en 3 grupos:

Lugar: El lugar comparte protagonismo con los personajes. Lugares que no conocemos por exóticos, lejanos o peligrosos. Sales del cine con la sensación de que ya has estado allí. Y que quieres volver. Ejemplo: The Beach de mi tocayo Boyle.

Tiempo: Nos transportan a otra época, futura, pasada o alternativa. Aquí ayuda mucho el vestuario y el acento… y en estos días en los que no te puedes fiar ni de la existencia de las chicas Playboy… los green screens. Ejemplo: The Age of Innocence de Martin Scorsese.

Oficio: Mi favorito. El tiempo puede ser actual y el lugar, el barrio de la esquina, pero te sumerges en un mundo absolutamente desconocido para ti: los homeless, el hampa, la cocina de un hotel, y así. Aún quedan muchos de estos “mundos” por explorar y es una atmósfera tremendamente fértil que rema a favor de conseguir que el espectador experimente justamente eso: ser espectador, o eso que llaman el efecto de vida vicaria: que se mire en el espejo de otro. Ejemplos: El Padrino 1, 2 y 3 de Francis Ford Coppola.

¿Conoces a tus personajes?

“Es bueno saber que uno de los significados vigentes de la palabra en inglés character (‘personaje’) es el de señal o marca que se imprime, como una letra del alfabeto (‘carácter’), pues refleja el posible origen de la palabra: del griego Kharaktér, un estilo afilado o la marca de unas incisiones del estilo. Character también quiere decir ‘ethos’, una actitud habitual ante la vida.”

Son palabras del crítico literario Harold Bloom -sacada de su genial “Genius: A Mosaic of One Hundred Exemplary Creative Minds“- que nos sirven para abrir otro de los caminos alternativos para arrancar a escribir tu historia.

Este post está inspirado en “Inside Llewyn Davis” de los hermanos Coen quienes como dice mi buen amigo Alejandro Alemán: “van en dirección opuesta a las convenciones del género donde la vida del protagonista sirve como inspiración (y aspiración) para un público siempre ávido de historias edificantes“.

Como guionista, hay ocasiones en las que no tienes claro el storyline pero sabes perfectamente cómo va a ser tu personaje. Sabes de dónde viene, quién es, lo que quiere, porqué lo quiere y a que está dispuesto para conseguirlo. En estos casos, la historia fluye con facilidad y el personaje bien definido te lleva de la mano a través de sus transformaciones. Te puedes sorprender incluso con que tu personaje se niegue a que lo lleves a lugares que no está en su destino visitar.

Otras veces te encuentras en la vida personajes worth-a-movie. La frase ‘la realidad supera a la ficción’ alcanza su pleno significado en la infinita riqueza y singularidad de sujetos que nos encontramos en la vida. Son verdaderos personajes, dotados de dimensión, contradictorios y complejos como debe de ser con la naturaleza humana. Cuánta más gente conozcas más cuenta te darás de lo inagotable de la fuente de la que puede beber tu creatividad. Hay que hacerlo sin rubor. Ya lo decía Ralph Waldo Emerson: “sólo los inventores saben tomar prestado

Y no estoy hablando de las películas género biopic –sean o no famosos sus protagonistas- o del género based-on–a-true-story, me refiero a todos los géneros y al hecho de en la mayoría de las películas los personajes han brotado del entorno de sus creadores, y de estos personajes, sus historias.

Para muestra un botón, y ya que está de tan de moda Martin Scorsese, ¿recuerdan esta maravilla de escena de Goodfellas?

Bien, pues ese mismo lío lo montó en realidad un conocido del barrio de Joe Pesci. Y Pesci le pidió a Scorsese que la incluyera en la película. Scorsese, previendo la tensión que Pesci iba a ser capaz de lograr –con magistral improvisación en muchos momentos- lo rodó con tres cámaras para no perderse las reacciones del resto de los actores. Atentos a las caras de todos.

Lo que daría por conocer al cabrón en el que se inspiró Joe Pesci. Y lo que daría por conocer las mentes de los Hermanos Coen. Someday.

Yuri se suma a Just in Life

Vamos desde el principio. Yuri es el alias de Toni Cantó, un divulgador científico español de primera línea. Es autor y editor de LA PIZARRA DE YURI, uno de los blogs científicos de consulta y entretenimiento más populares en España, que acabó siendo integrado en la versión digital de un periódico de tirada nacional.

Sus posts sobre la crisis del accidente nuclear de Fukushima o sus entrevistas (entre la que destaca la exclusiva con Kostya Novoselov, premio Nobel de Física 2010 por sus experimentos con grafeno) fueron un éxito de visitas. Por eso, la editorial española SILENTE publicó un libro con las mejores entradas de su blog.

Nuestras conversaciones en Valencia nos llevaron a descubrir una pasión compartida -los viajes en el tiempo- y la bebida que las acompañaba (vino, cervezas y otras bebidas alcohólicas) nos llevaron a arrancar un compromiso: escribir sobre los viajes en el tiempo desde todos los ángulos posibles y publicarlos en el blog de Just in Life, mi nueva película que va de… viajes en el tiempo.

La mirada de Yuri es multidisciplinar (física, química, aeronáutica, astronomía, historia, etc.) y tiene un talento único para desarrollar cualquier idea, por compleja que sea, de manera accesible y amena.

Los viajes en el tiempo harán más sentido. Ya verán.

La idea controladora

¿Tienes algo que contar? Que el crimen no paga (ejemplo: The Wolf of Wall Street (ya hablaremos más de esta película)), que el crimen siempre paga (Mercury Rising), que merecemos una segunda oportunidad (La Viuda de Saint-Pierre), que creemos que no merecemos una segunda oportunidad (Leaving Las Vegas), que el fin justifica los medios (A Time to Kill) o que el fin no justifica los medios (Watchmen).

Si tienes una respuesta a esa pregunta, tienes ante ti otra manera construir una historia que acabe en película.

A “eso” que quieres contar, Robert McKee lo denomina la idea controladora, el significado último de la historia. Yo lo llamo el “tema” de la película. Muchos escriben guiones completos y cuando acaban se encuentran de golpe de qué va la película. Otros muchos encuentran el significado de su película cuando un crítico la destripa. Y otros tantos no llegan a descubrirlo nunca.

Lo que planteamos aquí hoy es escribir la historia a partir de su significado. Se trata de hacer ingeniería inversa con tu imaginación: teniendo en mente compartir con el espectador tu visión sobre ese tema en particular construyes, a través de la acción y de la emoción, la historia. Y no al revés.

Dices, por ejemplo, quiero abordar el peso del destino en el amor. Y a partir de ahí le das vueltas a situaciones y personajes hasta que, por ejemplo, se te ocurre contar la desventura de un chico que se enamora el día ANTES de subirse a un submarino. Y no al revés.

Es otra forma de abordar el proceso creativo mimetizando la técnica de la escultura para el cine: construir un esqueleto de hierro antes de moldear la arcilla. Esta metáfora se la debemos al maestro de Tarkovski, Mijail Romm, quién además añadía que “por fino que sea el modelado y la terminación de la obra, el armazón debe ser robusto, sólido, tosco y de una precisión sin defecto”.

Cuanto mejor sea la idea controladora, mayor será el potencial de la historia que mane de ella. Lo comprobé hace poco con un tema que me apasiona -la imposibilidad de cambiar los acontecimientos en el tiempo- y descubrí que la historia se escribía sola… (bueno, sola, sola no; alguien tenía que encender la computadora :))

Ya habrán adivinado que los ejecutivos de Hollywood no son grandes amantes de los significados y que si los espectadores que llenaron las salas para ver Iron Man 3 no han captado lo que quería transmitir su autor… les vale madres. Así que un consejo: si construyen su historia a partir de una idea controladora ni la mencionen cuando hagan el pitch.

Para el próximo post recorreremos otros dos caminos alternativos del proceso creativo: los personajes y la atmósfera

La idea es el rey


– What does the country want, Teddy? Educate me.
– Sex. Loud music. Hot clothes. Drugs. Fast cars. Did I say sex? We´ll open two movies. Side by side. One´s called “Sex, Drugs and Death”, the other´s called “Mom and Dad Go for a Walk”. Now, where are you going to put your Money, White boy? You do movies about milking the cow. I´ll do ones about fucking and getting loaded. See you at the finish line.

Hollywood Education: Tales of Movie Dreams and Easy Money. David Freeman.

Imagina que TODOS los posibles contenidos para hacer una película estuvieran en el consciente colectivo y que pudieras elegir uno y descargarlo para materializarlo. Sería un colectivo con una capacidad de almacenaje infinita –pues infinitas son las combinaciones de la realidad que pueden dar una historia- y nos pasaría algo así como lo que nos pasó la primera vez que nos sentamos delante de un buscador: ¿y ahora qué? ¿Por dónde carajos empezar?

El cómo abordar el contenido para una película no es algo que tenga claro. De hecho, con este post pretendo pensar en voz alta porque tampoco tengo una respuesta unívoca a algo tan complejo y variado.

– Opción 1: TIRAR DE UNA PREMISA, es decir, en términos de Robert McKee: idea que inspira al deseo que siente el escritor de crear una historia. Se trata de la mera proposición de una historia, reducida a su máxima expresión, y en la que se puede entrever lo ingenioso y resultón de mi ocurrencia.

Mucho cine de palomitas se ha construido sólo sobre la premisa, olvidando el resto de elementos también necesarios para contar una buena historia. Paramount abría fuego al cine comercial de los 80 con un memorando interno en el que decía cosas como “Una idea poderosa es el corazón de cualquier película de éxito (…) La premisa creativa es lo primero que atrae al público al producto (…) No tenemos la obligación de hacer historia. No tenemos la obligación de hacer arte. No tenemos la obligación de hacer una declaración de principios. Nuestra obligación es hacer dinero”. O sea: Milk the fucking cow.

Una década después, en otro memorando, esta vez de la Disney, Jeffrey Katzenberg escribía: “en el mareante mundo de la producción de películas, no debemos distraernos de un concepto fundamental: la idea es el rey”. (“In the dizzying world of moviemaking, we must not be distracted from one fundamental concept: the idea is king.”). Y seguía con: “Estrellas, directores, escritores, cámaras, efectos especiales, nuevos sistemas de sonido… todos ellos tendrán algo que ver con el éxito de una película, pero TODOS ellos deben servir como humildes sujetos ante la supremacía de la idea”. TOMA YA!

[Nota al calce: recomiendo MUCHO que al acabar este post, lean las 28 páginas de este memorando escrito hace 22 años. Enlace al final.]

Pero NADA está escrito en piedra: películas fantásticas se han hecho con premisas muy endebles:

1.- Un jubilado cruza los Estados Unidos en una cortadora de césped para visitar a su hermano enfermo (The straight story. David Lynch)
2.- Una estrella venida a menos y una joven se encuentran en Japón (Lost in translation. Sofia Coppola)
3.- Un divorciado de Nueva York se enamora de la amante de su amigo (Manhattan. Woody Allen)
4.- Un hombre maduro se obsesiona con la rodilla de una adolescente (Le genou de Claire. Eric Rohmer)

¿Quién hubiera apostado por estas ideas?

Conclusión: puedes tener una premisa atractiva y de ahí construir una gran película. Pero también puedes no tenerla y hacer una gran película por otros medios.

En próximos posts hablaremos de más elementos: idea controladora, personajes y atmósfera.

Y lo prometido: 28-page internal memo “The World Is Changing: Some Thoughts on Our Business” by Jeffrey Katzenberg

Mientras espero, desespero (2)

La tensa espera en el cine independiente se parece mucho a la espera del cine de los estudios con la salvedad de que si consigues el greenlight en este último, ya puedes relajarte y disfrutar del resto de tus días. El greenlight de una película independiente se resume en esta frase –otra vez- del genial Oscar Wilde: Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad (Be careful what you wish for, it might come true)

Pero antes de la meta, hablemos del camino. Hay meses, años de espera antes de conseguir levantar tu proyecto. Los inversionistas/distribuidores/productoras van a dilatar la decisión el mayor tiempo posible por los motivos que comentamos en el post anterior, añadiendo en este caso que son dolorosamente ambiguos porque no quieren cerrar la puerta y quemar puentes con un director wannabe que puede acabar siendo la nueva sensación del Festival de Sundance.

Para saber qué hacer durante este tiempo hay dos enfoques:

1.- RESPECTO A TI
Tienes el oficio más complejo del mundo. No el más duro –no me malinterpreten- puesto que es más duro trabajar de albañil en Qatar o en una maquiladora en Beijing. Es complejo porque abarca todas las artes y se sustenta de la ininteligible e imprevisible naturaleza humana. Es decir, es un oficio en el que siempre hay algo que aprender, o de guión, o de arte, o de fotografía, o de actuación, o de tecnología, o de vestuario, o de maquillaje (me enteré hace poco de la moda del maquillaje con aerógrafo), o de efectos visuales, y un largo etc. Para asomarte a esto –abarcarlo todo es imposible- puedes usar ese tiempo “muerto” entre proyectos, además de para mirar el trabajo de otros, de hoy y de ayer, gracias a Netflix y iTunes y Torrents.

No es fácil inventarte el trabajo cada mañana y no perder la esperanza cuando el teléfono no suena, pero mantenerte ocupado te ayudará a sobrellevarlo y a crecer como profesional.
Y así vamos con otra frase de Charles Baudelaire: “No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él” (On ne peut oublier le temps qu’en s’en servant).

2.- RESPECTO A TU PROYECTO
Lo único que puedes hacer es medir, reflexionar, para saber cuándo hay que presionar y cuándo hay que ser paciente. Los decision-makers tienen poder sobre ti y no querrás romper la baraja antes de empezar la partida, pero tampoco querrás que se olviden de ti.
En palabras de la productora Lynda Obst (mencionada en el anterior post) durante el desarrollo tienes que transmitir que tu proyecto es real, inexorable, y un tren en movimiento. Habla incluso de una fórmula a aplicar:

P(ower)+ M(omentum)= G(o)

Cuando el Momentum sea el propicio para tu proyecto, es cuando tienes que pasar de esperar a actuar, sin pedir permiso, como si tu proyecto fuera inevitable pasara lo que pasara.

Lo que NUNCA debes hacer es dar por sentado que has salido del “purgatorio” cuando no lo has hecho:

“Casi tengo el dinero en el banco” NO ES tener el dinero en el banco.
“Ya han aprobado la firma del contrato” NO ES tener el contrato firmado.
“El actor ha llorado leyendo el guión” NO ES que su agente acepta tus condiciones de contratación.

Y así.

Ora et labora.

Mientras espero, desespero. Parte 1

Mientras espero, desespero (1)

¿En qué se parecen un soldado, un portero suplente de fútbol y un director de cine?

Yo sé que suena chiste, pero la respuesta, nada graciosa, es que todos se preparan durante toda su vida para unos pocos momentos de acción absolutamente decisivos en los que tienen que demostrarlo TODO. Y para colmo, esos momentos pueden o no llegar nunca, o llegar muy pocas veces.
Y hay poco que uno pueda hacer llegado a un punto, más que no parar de prepararse, leer, ver y conocer. Para no desesperar.
Cuando estás en un sector en el que las decisiones dependen de terceras personas y conllevan altos niveles de riesgo –para el puesto de trabajo del decision-maker o para el patrimonio de un inversionista- cárgate de paciencia y espera. Consuélate mirando el ritmo de trabajo de la mayoría de directores en sus comienzos, en los que se ve claramente lo que han podido tardar – en algunos casos casi una década- en levantar su siguiente película. Ejemplos: David O. Russell (Silver Linings Playbook) o Richard Kelly (Donnie Darko)

En el cine mainstream americano a ese periodo de tensa espera le llaman development hell, un infierno en el que proyectos maravillosos tardan muchísimos años en obtener el ansiado green light. Ese proceso lo pueden leer en el maravillosamente narrado “Hello, he lied” de la productora Lynda Obst (Sleepless in Seattle, The Fisher King), en el que se pregunta cómo es posible que haya miles de “productores” (aquí sí con comillas) en Los Ángeles que no han producido NADA.

Una derivada del development hell es el turnaround, cuando un proyecto –tras pasar su infiernillo de desarrollo- es abandonado por un estudio, ya sea por falta de interés o por un cambio de régimen, y puesto en venta. Cuando otro estudio lo compra empieza DE NUEVO el proceso, cual maldición de Sísifo. Y por cierto, en cada paso del proceso añaden 2 o 3 guionistas.

Una de las cosas que admiro del difunto productor Don Simpson –aparte de su tolerancia a ciertas sustancias- es que cuando llegó a la Paramount quitó la casilla del ‘MAYBE’ de la plantilla que rellenaban los lectores de guión del estudio. De esa manera, los guiones o se aprobaban o no se aprobaban, y no vagaban en el limbo de la odiosa indecisión. Como nota curiosa, Michael Eisner, el jefe de Simpson, puso el proyecto “Beverly Hills Cop” en turnaround y cuando Eisner se fue a la Disney lo primero que Don Simpson le pidió a Ned Tanen. nuevo jefe de Paramount, fue recuperar ese proyecto.

La razón está clara. Es mucho el dinero, es mucha la gente que vive en cargos ejecutivos bien remunerados en esas macrocorporaciones en las que se han convertido los estudios y nadie quiere jugársela, aunque sea a riesgo de perderse el próximo “Inception”.

¿Y en el cine independiente? Eso para el próximo post, junto con buenas soluciones prácticas para combatir el letargo y la dolorosa incertidumbre.